Hoy, desde Nota Estudio, queremos abriros la puerta a la intimidad de nuestra metodología, centrándonos en el corazón que ahora hace latir a toda una vivienda: la cocina.

Punto de partida. La cocina previa a la obra.
Foto después de la reforma.
Plano del estado previo (arriba). Nueva distribución (debajo).

Nuestro primer diálogo con la nueva distribución se centró en la liberación de la luz. Al observar el plano original, comprendimos que el tabique de la cocina era el obstáculo que impedía que la claridad cruzara la casa de un lado a otro. Al eliminar las barreras físicas, no solo ganamos metros, ganamos una nueva forma de habitar: ahora la cocina fluye hacia el salón, integrándose en la vida diaria de forma orgánica.

Sin embargo, este trazado no solo responde a la arquitectura, sino a la escucha profunda de los rituales de quienes la habitan. Entendimos que el momento del desayuno y el café era un pilar en su día a día; por ello, proyectamos un rincón específico donde la cafetera convive con sus libros favoritos, transformando un gesto cotidiano en una experiencia de pausa y disfrute.

Después de las demoliciones.
Con las intalaciones terminadas.

Existe una estética poderosa y honesta en la obra. Es el momento en que las ideas se vuelven tangibles a través de la materia.

 El resultado final es una cocina que ya no está aislada, sino que es el centro de gravedad de la vivienda. Un espacio diseñado para la calma, donde los materiales y la luz trabajan juntos para convertir el acto de cocinar en un pequeño ritual cotidiano de bienestar.

Detalle del rincón de desayuno.
Detalle de la encimera.

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